pero la güera continua haciendo sus ademanes, aprendidos de memoria y repetidos una y otra vez, supongo que la primera y la segunda y tal vez la tercera vez, estaba nerviosa y preocupada de no equivocarse, de no indicar el baño en vez de una salida, o de no abrir en vez de abrochar el cinto. Yo la veo con atención aunque no le entienda nada, no hace falta, todos sabemos que si algo pasa, las máscaras que están sobre el asiento no nos servirán. Yo me detengo a mirarla y ella me sonríe con cortesía, se da cuenta, entonces se concentra en mí y me dedica dos puertas laterales. Me parece desatento que alguien tan delgado y amarillo te explique cómo puedes salvarte y los demás lo ignoren por completo...
Al final, sin habérmelo propuesto, obtengo mi premio, una segunda coca light para acompañar mis cacahuates japoneses.
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1 comentario:
sigue la vida light,
saludos,
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