lunes, 16 de marzo de 2009

el avión temblaba

me paraba, corría al baño, caminaba y me sentaba
pero temblaba,
no dejaba de sentir ese dolor pequeño y melodioso más abajo de la piel
miraba por las ventanas las nubes y los ríos, pero buscaba la ventana con tu risa
que había dejado atrás

temblaba

cada persona cargando su pena y además su equipaje extra
y yo con una sensación que no sabía donde poner

la gente leía y hablaba, pero nadie decía nada
yo apretaba el cuerpo para no ser evidente, para que mis movimientos fueran invisibles y abría la boca para callar

pero temblaba

temblaba silenciosa y en estruendo, temblaba mi cabeza con todos los recuerdos revolviéndose y tratando de volverse viejos
temblaban las heridas y las cicatrices nuevas, la saliva y el aire que se me acababa

un terremoto que tumbaba pero no mataba y solo me quedaba estar flotando, como siempre, como siempre, como siempre

yo temblaba, partía en un puente de nubes, que aunque eran blancas parecían rojas
un viento suave sabor torbellino
y mientras dejaba un amor, subía a dos alas que no eran mías
buscaba la salida de emergencia y no podía más que escaparme

aquéllo era un manicomio
toda la gente inconsciente, hablando sin importancia, tapándose los oídos, rendidos en un asiento, y las ventanas cerradas y las puertas cerradas y las salidas cerradas, todo el tiempo

y estaban todos loquitos, con un cinturón de fuerza, con mesita para comer, con las ventanas cerradas, con enfermeras vestidas de tonos bonitos, señalando sonrientes lo que teníamos que hacer, con comidita de niños, con sábanas y almohadas de bebés

y yo temblaba, me agarraba fuerte de los asientos que se estaban reventando de la presión, mi cabello se evaporaba como la nieve que pisamos ese día cuando lo confundí con el mar y elvis presley me cantaba en el oído “I cant help falling in love with you”

este cuerpo llega en seis horas a un lugar distinto, pero el mío se ha quedado atrás, en una cama de un lugar que no recuerdo el nombre, pero que voy a adivinar.

domingo, 15 de marzo de 2009

nadie ve las instrucciones para salvarse

pero la güera continua haciendo sus ademanes, aprendidos de memoria y repetidos una y otra vez, supongo que la primera y la segunda y tal vez la tercera vez, estaba nerviosa y preocupada de no equivocarse, de no indicar el baño en vez de una salida, o de no abrir en vez de abrochar el cinto. Yo la veo con atención aunque no le entienda nada, no hace falta, todos sabemos que si algo pasa, las máscaras que están sobre el asiento no nos servirán. Yo me detengo a mirarla y ella me sonríe con cortesía, se da cuenta, entonces se concentra en mí y me dedica dos puertas laterales. Me parece desatento que alguien tan delgado y amarillo te explique cómo puedes salvarte y los demás lo ignoren por completo...
Al final, sin habérmelo propuesto, obtengo mi premio, una segunda coca light para acompañar mis cacahuates japoneses.

miércoles, 11 de marzo de 2009

Lo único que no me gustaba de ese cuarto

era la cortina con el gancho zafado que caía. Todo era tan cuadrado que la asimetría de ese descuido en la ventana me exhaltaba.

Era un espacio mixto, con una pared falsa y otra lisa. Un cuarto artificial y prepagado de ladrillos, nuestro durante tres horas. Un cuarto de paredes que nos reclamaba la banalidad y a la vez el intento ingenuo de estar acompañados.

El lavabo y los ladrillos dolorosamente puestos me obligaban a aterrizar al día siguiente, a pensar en las historias que no existen pero que uno cuenta. A tomar fotografías desde la ventana y a no olvidar.

Nuestra historia era verde como tu camiseta, marrón como los ladrillos de mentiras y azul como la pared al fondo de la ventana con un gancho zafado y la cortina que caía, tan imperfecto, tan distinto.

Esa noche, fue la más caliente y la más fría, tú me acompañaste hasta la esquina con las manos apretadas de la prisa, te sentías tan valiente, y yo, como si estuviera acostumbrada a despedirme, fingí.

martes, 10 de marzo de 2009



las cosas pasan tan aprisa desde la ventana de este tren ...

lejos



el tiempo es irreal

abro los ojos antes de que te despiertes
y me duermo cuando está más fuerte el sol

con los metros
guardas los secretos debajo de la lengua
para evitar una emoción

y pienso en ti
en la torre iluminada
en la cerveza record
en el metro con sillas verdes de diseñador
en los cinco quesos de postre
en un río que insiste en la respiración