queríamos hacerlo todo, completamente todo, un poco más allá que el resto de cada día
todo
de una vez por todas todo, otra vez más pero todo ¿queríamos o quería que lo hicieramos todo?
todo
todo lo que no podíamos, lo que imaginábamos un día y no iba a pasar
todo
sin la noche, sin la prisa
sin el día que termina al mediodía
todo, sin otra familia mirándonos de reojo
todo, copletamente todo, de una vez por todas, todo
y teníamos un día, una noche, una cerveza, un cigarro, un paraguas, una moneda, una risa, una novia, un boleto de avión, una fotografía, una fecha de caducidad
todo, una dirección, un baño público, un sofá encerrado en una casa que ni tuya, que ni mía, eso era todo
todo
un diccionario, un mapa, una promesa que no se podía prometer
todo, queríamos hacerlo todo, pero el miedo nos comía y el tiempo se acortaba
todo, completamente todo, que la boca no podía ir tan aprisa como las palabras todas
todo, inaguantablemente todo, todo que salimos corriendo del miedo que sentimos
y todo, completamente todo volvió a la cotidianeidad,
todo, a menos veinte grados centígrados de un siguiente día habitual
lunes, 8 de diciembre de 2008
sábado, 15 de noviembre de 2008
la soledad duerme en las camas

vacías, pequeñas, prestadas, rentadas
se truena los dedos al despertar
y viaja sobre sus dos piernas
amanece tomada de sus manos
junta sus rodillas para acompañarse
camina bajo el sol con dos cuernos
y cruza la calle interminente
recorre los parques
espera esperando
columpia sus ojos
y va respirando
se besa con el enmascarado naranja
acaricia los gatos ajenos
pierde lo que estaba buscando
y baila con una sombra
se truena los dedos al despertar
y viaja sobre sus dos piernas
amanece tomada de sus manos
junta sus rodillas para acompañarse
camina bajo el sol con dos cuernos
y cruza la calle interminente
recorre los parques
espera esperando
columpia sus ojos
y va respirando
se besa con el enmascarado naranja
acaricia los gatos ajenos
pierde lo que estaba buscando
y baila con una sombra
viernes, 31 de octubre de 2008
domingo, 10 de agosto de 2008
hacer las paces...
Qué mejor lugar: yo encima del ruta1 sentada al lado de la ventana, que ahora no se abre ni se cierra y permanece estática porque llevamos aire acondicionado, pero al fin junto a la ventana rumbo al trabajo.
-Acto esporádico, pues mi vecino volvió a sacar el aire de la llanta de mi coche por estacionarme frente a su puerta y tuve que tomar el camión ese día-
Todo transcurría, lento pero seguía. La avenida congestionada por un nuevo drenaje, la gente subiendo a mitad de calle, el maldito metro inaugurado sin ser terminado y los rojos y los rojos y los rojos constantes.
Era el día indicado para salir de la normalidad de las cosas y yo la vi primero.
Ella me vio desde la acera de la Av. Pino Suárez frente a la benavides y dudó en subir cuando me vio arriba. Arriba, encima, primero. Es natural, yo no acostumbro a estar en esos lugares. Ella no iba a subir, pude sentirlo al ver como volteaba hacia un lado y otro y dejaba sus manos en las bolsas de los jeans, como cuando está asnsiosa, pero seguí esperando junto al chofer, el ánfora y el aire acondicionado a que se decidiera.
Subió, titubeando, pero ya era tarde y el camión estaba bastante desahogado como para quedar juntas como antes, mala suerte hubiera sido que solo estuviera libre un lugar junto a mí. Mala suerte que se tropezara con mi pie que salía. Mala suerte que el camión le cerrara la puerta dejándola con una mitad adentro y otra afuera. Mala suerte que el camión acelerara y se cayera en el pasillo.
No ocurrió nada así. En el camión más civilizado de san nicolás eso no iba a ocurrir y menos cuando lo maneja una mujer chofer.
Así que subió al camión, tuve que verla porque al hacerlo dejó de lado el pasado y aceptó hacerme compañía. Distante y sin decir ni una palabra pero junto a mí en el trayecto.
Entonces pasee en la independencia y la imaginé, usando sus audífonos y leyendo algo, hubiera sido descarado invitarla a sentarse o voltear a verla, no hacía falta, recordé fresca nuestros buenos ratos con las pláticas sobre los sandwiches de pepino, la sobredosis, las heridas para chuparse la sangre, las historias inconclusas en el vips, los jugos de las maquinitas y las vueltas veloces sobre nuestros brazos.
Y bajó, antes que yo por supuesto, como lo hace todas las mañanas para llegar a su trabajo, y yo bajé después, en la sorpresa del regalo menos imaginado de una mañana aleatoria.
-Acto esporádico, pues mi vecino volvió a sacar el aire de la llanta de mi coche por estacionarme frente a su puerta y tuve que tomar el camión ese día-
Todo transcurría, lento pero seguía. La avenida congestionada por un nuevo drenaje, la gente subiendo a mitad de calle, el maldito metro inaugurado sin ser terminado y los rojos y los rojos y los rojos constantes.
Era el día indicado para salir de la normalidad de las cosas y yo la vi primero.
Ella me vio desde la acera de la Av. Pino Suárez frente a la benavides y dudó en subir cuando me vio arriba. Arriba, encima, primero. Es natural, yo no acostumbro a estar en esos lugares. Ella no iba a subir, pude sentirlo al ver como volteaba hacia un lado y otro y dejaba sus manos en las bolsas de los jeans, como cuando está asnsiosa, pero seguí esperando junto al chofer, el ánfora y el aire acondicionado a que se decidiera.
Subió, titubeando, pero ya era tarde y el camión estaba bastante desahogado como para quedar juntas como antes, mala suerte hubiera sido que solo estuviera libre un lugar junto a mí. Mala suerte que se tropezara con mi pie que salía. Mala suerte que el camión le cerrara la puerta dejándola con una mitad adentro y otra afuera. Mala suerte que el camión acelerara y se cayera en el pasillo.
No ocurrió nada así. En el camión más civilizado de san nicolás eso no iba a ocurrir y menos cuando lo maneja una mujer chofer.
Así que subió al camión, tuve que verla porque al hacerlo dejó de lado el pasado y aceptó hacerme compañía. Distante y sin decir ni una palabra pero junto a mí en el trayecto.
Entonces pasee en la independencia y la imaginé, usando sus audífonos y leyendo algo, hubiera sido descarado invitarla a sentarse o voltear a verla, no hacía falta, recordé fresca nuestros buenos ratos con las pláticas sobre los sandwiches de pepino, la sobredosis, las heridas para chuparse la sangre, las historias inconclusas en el vips, los jugos de las maquinitas y las vueltas veloces sobre nuestros brazos.
Y bajó, antes que yo por supuesto, como lo hace todas las mañanas para llegar a su trabajo, y yo bajé después, en la sorpresa del regalo menos imaginado de una mañana aleatoria.
jueves, 29 de mayo de 2008
las lágrimas evaporadas
se transforman en sombras sobre el andén de la risa
en gestos que parten los huesos
en párpados indefinidos
la desilusión es seca
el cuerpo abandonado está en silencio
la mirada va, regresa, intenta y repite
caminar hasta donde los ojos gritan
rezar
llorar profundo
volar hasta que las lágrimas aguarden la tormenta
de nuevo
se transforman en sombras sobre el andén de la risa
en gestos que parten los huesos
en párpados indefinidos
la desilusión es seca
el cuerpo abandonado está en silencio
la mirada va, regresa, intenta y repite
caminar hasta donde los ojos gritan
rezar
llorar profundo
volar hasta que las lágrimas aguarden la tormenta
de nuevo
lunes, 28 de abril de 2008
miércoles, 2 de abril de 2008
los ángeles son músicos
lunes, 31 de marzo de 2008
jueves, 21 de febrero de 2008
viernes, 15 de febrero de 2008
esperar
dejar espacio para el azar. demasiado espacio para el azar
espero
despertarme a tiempo, que el agua esté calientita, que no haga lluvia,
encontrar ropa limpia, el celular, las llaves y mis lentes
que haya coca light en el refrigerador
y un cigarro para despertar
que el tráfico no sea de viernes
al tránsito que me de el pase
la lista de semáforos a verde
ver al señor de una muleta que me recuerda a alguien
traer gasolina
escuchar los espectáculos en la radio
que me escriba, que me salude, que me llame
encontrar lugar en el parque
encontrar lugar en el estacionamiento de paga
encontrar mi credencial en la bolsa
que mi jefa no haya llegado antes que yo
que haya coca light en el puestecito
que funcionen mis audífonos
que no me salga un fuego
espero
el día 28
el día 15, el 31 y el fin de semana
espero más seguramente
espero que todo salga bien
que las cosas funcionen
que llegue el gran día
que llegue el otro día
espero
espero
despertarme a tiempo, que el agua esté calientita, que no haga lluvia,
encontrar ropa limpia, el celular, las llaves y mis lentes
que haya coca light en el refrigerador
y un cigarro para despertar
que el tráfico no sea de viernes
al tránsito que me de el pase
la lista de semáforos a verde
ver al señor de una muleta que me recuerda a alguien
traer gasolina
escuchar los espectáculos en la radio
que me escriba, que me salude, que me llame
encontrar lugar en el parque
encontrar lugar en el estacionamiento de paga
encontrar mi credencial en la bolsa
que mi jefa no haya llegado antes que yo
que haya coca light en el puestecito
que funcionen mis audífonos
que no me salga un fuego
espero
el día 28
el día 15, el 31 y el fin de semana
espero más seguramente
espero que todo salga bien
que las cosas funcionen
que llegue el gran día
que llegue el otro día
espero
martes, 12 de febrero de 2008
domingo, 10 de febrero de 2008
La feria de las bocas
Las bocas estaban separadas unas de otras por su ficha técnica.
Vestidas por una pared delgada blanca que sólo dejaba ver, a través de un recuadro largo, la colección de bocas.
Había de todo: de exquisitas a grotescas , de románticas a salvajes, de deliciosas a desabridas. No se podían tocar y había que ser muy cuidadoso al elegir, pues sólo se podía comprar una sola boca, la que se besara.
En el pasillo de las bocas finas, había labios que simulaban una hilvanada rosa, otros eran largos como sonrisa de un gato, otros diminutos que parecían el adorno de un pastel y los colores iban del brillo al rojo más delicado.
En el pasillo de las bocas fuertes, había dos que despertaron mi atención particular; estaba la boca púrpura, delineada perfectamente de manera natural por una línea clara, el labio inferior era más grueso y parecía relleno suave, más que darle un beso, quería darle una mordida para ver si reventaba; otra boca, en ese mismo pasillo, era casi vertical, angosta y con sus ángulos bien delineados, dejando un hueco perfecto sobre la barbilla y bajo la nariz, que más que besarla, me pedía encajarle la lengua para ver qué tan lejos llegaba.
En el pasillo de las bocas risueñas, encontré solo sonrisas y carcajadas, poses con lenguas asomándose y labios chuecos estirándose de un lado a otro, algunas veces se asomaban las mejillas, que me distraían un poco.
Las bocas tristes, eran realmente dramáticas, sus comisuras caían o se desfiguraban sutilmente, las formas eran indefinidas y arqueadas, esas bocas eran contagiosas, quería besarlas todas pero no podía decidirme por ninguna.
Las bocas asustadas, estaban sumidas en sí mismas, un poco apretadas o mordiéndose entre ellas, parecía que querían hablar, pero no podían.
Las bocas mudas eran transparentes.
Vestidas por una pared delgada blanca que sólo dejaba ver, a través de un recuadro largo, la colección de bocas.
Había de todo: de exquisitas a grotescas , de románticas a salvajes, de deliciosas a desabridas. No se podían tocar y había que ser muy cuidadoso al elegir, pues sólo se podía comprar una sola boca, la que se besara.
En el pasillo de las bocas finas, había labios que simulaban una hilvanada rosa, otros eran largos como sonrisa de un gato, otros diminutos que parecían el adorno de un pastel y los colores iban del brillo al rojo más delicado.
En el pasillo de las bocas fuertes, había dos que despertaron mi atención particular; estaba la boca púrpura, delineada perfectamente de manera natural por una línea clara, el labio inferior era más grueso y parecía relleno suave, más que darle un beso, quería darle una mordida para ver si reventaba; otra boca, en ese mismo pasillo, era casi vertical, angosta y con sus ángulos bien delineados, dejando un hueco perfecto sobre la barbilla y bajo la nariz, que más que besarla, me pedía encajarle la lengua para ver qué tan lejos llegaba.
En el pasillo de las bocas risueñas, encontré solo sonrisas y carcajadas, poses con lenguas asomándose y labios chuecos estirándose de un lado a otro, algunas veces se asomaban las mejillas, que me distraían un poco.
Las bocas tristes, eran realmente dramáticas, sus comisuras caían o se desfiguraban sutilmente, las formas eran indefinidas y arqueadas, esas bocas eran contagiosas, quería besarlas todas pero no podía decidirme por ninguna.
Las bocas asustadas, estaban sumidas en sí mismas, un poco apretadas o mordiéndose entre ellas, parecía que querían hablar, pero no podían.
Las bocas mudas eran transparentes.
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