Las bocas estaban separadas unas de otras por su ficha técnica.
Vestidas por una pared delgada blanca que sólo dejaba ver, a través de un recuadro largo, la colección de bocas.
Había de todo: de exquisitas a grotescas , de románticas a salvajes, de deliciosas a desabridas. No se podían tocar y había que ser muy cuidadoso al elegir, pues sólo se podía comprar una sola boca, la que se besara.
En el pasillo de las bocas finas, había labios que simulaban una hilvanada rosa, otros eran largos como sonrisa de un gato, otros diminutos que parecían el adorno de un pastel y los colores iban del brillo al rojo más delicado.
En el pasillo de las bocas fuertes, había dos que despertaron mi atención particular; estaba la boca púrpura, delineada perfectamente de manera natural por una línea clara, el labio inferior era más grueso y parecía relleno suave, más que darle un beso, quería darle una mordida para ver si reventaba; otra boca, en ese mismo pasillo, era casi vertical, angosta y con sus ángulos bien delineados, dejando un hueco perfecto sobre la barbilla y bajo la nariz, que más que besarla, me pedía encajarle la lengua para ver qué tan lejos llegaba.
En el pasillo de las bocas risueñas, encontré solo sonrisas y carcajadas, poses con lenguas asomándose y labios chuecos estirándose de un lado a otro, algunas veces se asomaban las mejillas, que me distraían un poco.
Las bocas tristes, eran realmente dramáticas, sus comisuras caían o se desfiguraban sutilmente, las formas eran indefinidas y arqueadas, esas bocas eran contagiosas, quería besarlas todas pero no podía decidirme por ninguna.
Las bocas asustadas, estaban sumidas en sí mismas, un poco apretadas o mordiéndose entre ellas, parecía que querían hablar, pero no podían.
Las bocas mudas eran transparentes.
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1 comentario:
quiero una boca triste y risueña!
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